No soy poeta.
A veces me da por sentirme,
Pero me siento y afirmo:
No soy poeta.
-Aunque a veces-
Cuando me da por querer morir
(sobre ti o dentro tuyo)
Cuando la cólera me inunda
(esa rabia por sentirme ajeno al mundo)
Cuando me abraza la nostalgia
(de
perpetrar la subversión a la felicidad)
Cuando me ahogo en el vaso de mi propia
insensatez
Cuando me quisiera sacar los ojos,
Para mirar más de cerca tu desnudez…
Ahí me siento,
-Sobre mi viejo sofá-
Entre un montón de ropa
Y entre copa y copa
-de sostén y vino tinto-
-de sostén y vino tinto-
Pinto el cielo más cercano
-el más próximo a mi mano-
y me digo:
Soy poeta.
e ignoro el paso irrepetible de las
manecillas
y me instalo en mi vasta terquedad
y me anido entre tus muslos
y recorro uno a uno los espacios
de tu sien a tus tobillos
que componen la perfecta sinfonía
de mi euforia a mi agonía
y digo:
sí que soy Poeta,
porque tú entre
beso y verso
bajo el cielo y sobre el suelo
entre tus dunas distantes
y mis lunas cambiantes
con tus veinte años encima
o la locura que se nos estima
has sido y serás
-para este poeta ocasional-
nada más que poesía.
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